La honestidad ​ es la virtud consistente en decir la verdad, ser decente, recatado, razonable y justo.

Cuando iniciamos labores en nuestra agencia, año 2006, teníamos como parte fundamental de nuestros valores la honestidad que nos enseñaron nuestros padres. En la familia siempre nos inculcaron que debíamos respetar las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vivíamos.

Empresarialmente a través de la experiencia desarrollada en las diferentes compañías donde todos nosotros aprendimos y trabajamos, se nos enseñó lo importante que es para una empresa poseer una cultura empresarial creada a través de valores, actitudes y comportamientos que señalen la ruta por donde debíamos navegar.

Hoy en día, en nuestros negocios, encontramos comportamientos de algunas personas, proveedores o intermediarios que disfrazan la verdad, la falsean o la modifican a su antojo sin ninguna clase de respeto hacia sus orígenes o hacia la enseñanza que a través del tiempo la vida les ha otorgado.

La rectitud y el respeto son palabras que solo hacen parte de los diccionarios y que para gente justa y recta origina tanto tristezas como molestias. Si adicionamos a la discusión la definición popular de INTERMEDIARIO eso nos conduce por un camino en donde no tenemos argumentos para convencer a un cliente que la mejor alternativa, cuando se hace honestamente, es un buen intermediario.

La vida entonces nos ha colocado una prueba más para insistir y seguir insistiendo en que a través de honestidad podemos desarrollar negocios de mediano y largo plazo que funcionen.